Alí Rodríguez Araque propone que funcione como la OPEP PDF Imprimir E-mail
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altLa defensa común de los recursos naturales convertirá a la Unasur “en un proceso irreversible”

Como las plantas que florecen, mueren y vuelven a florecer, Alí Rodríguez Araque, exministro del Poder Popular para la Energía Eléctrica, está cerrando un nuevo ciclo y abriendo otro. Asumió este despacho en el punto álgido de la crisis eléctrica que azotó al país en 2010, y lo abandona con los problemas resueltos “en lo fundamental”. Le toca, a partir del 9 de mayo, tomar el testigo de María Emma Mejía al frente de la secretaría ejecutiva de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Ello implica, entre otras cosas, que debe radicarse en Quito a partir de mayo, donde tiene su sede provisional el organismo de integración regional que hermana a los 12 países. “Hay un proyecto para construir la sede en la Mitad del Mundo (a poco más de 13 kilómetros de la capital ecuatoriana)”, informa. “De manera que en un tiempo prudencial (probablemente un año) habrá formalmente un asiento físico” para la institución, augura.

Para Rodríguez Araque, el reto es que la Unasur funcione como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP); es decir, un grupo de naciones que, por encima de las diferencias políticas e ideológicas, puede acordar políticas comunes para temas como el manejo de sus recursos naturales. “Ese es el factor que puede convertir a la Unasur en un proceso irreversible”, sostiene.

 

“Por ahora estoy en un trabajo de investigación y elaboración sobre un tema que me parece capital para nosotros”, confía, en conversación con el Correo del Orinoco. “Si uno se pregunta qué puede convertir a la Unasur en un proceso irreversible” que no corra la suerte de experiencias anteriores, la respuesta está en que sus integrantes son un reservorio de recursos naturales, y deben cerrar filas para defenderlos.

 

Se busca, así, “defender más eficazmente el interés común sobre los recursos naturales, trazando políticas comunes”, como ocurre con la OPEP.

 

Este tema lo apasiona. Tanto, que dedica una parte de la entrevista a detallas las riquezas reunidas en una región llamada América del Sur. “Tenemos tres de las ocho grandes cuencas del mundo (Amazonas, Orinoco y Paraná-La Plata); tenemos prácticamente la tabla periódica de Mendeleiev alojada en nuestro territorio”, destaca. También, fuentes energéticas como petróleo, gas, carbón, biomasa, viento, agua; el pulmón vegetal del planeta, y una enorme biodiversidad. “Este es un emporio de recursos naturales impresionante”, celebra, pero “por contraste, lo que estamos exportando son materias primas” y, además, “somos exportadores netos de capitales”.

 

-¿Hay manera de revertir eso, como bloque?

-Totalmente. Creo que de eso se trata. Cuando uno observa experiencias, en el resto del mundo, de países en desarrollo que han tenido éxito, lo único que uno encuentra es el caso de la OPEP. Si uno se pregunta qué es la OPEP, encuentra que es una organización intergubernamental que se agrupa para defender mejor sus derechos soberanos sobre un recurso natural.

 

-¿Unasur debería ser como la OPEP?

-Debe ser una organización que tenga como eje de coincidencia, como eje común, los recursos naturales. Si la OPEP se agrupa en torno a un recurso natural, los 12 países de Unasur tienen muchos más intereses que un simple recurso natural. Tenemos petróleo, gas, carbón, minerales, bosques, agua; todos los recursos naturales que puedas imaginar.

 

Se trata, entonces, “de hacer un levantamiento conjunto de la disponibilidad de recursos naturales que tenemos en esta gran nación; las políticas que nuestros países están desarrollando en materia de recursos naturales tanto del punto de vista económico como del punto de vista ambiental; cómo son las legislaciones que abordan todos estos recursos naturales” y los contratos que se firman sobre el aprovechamiento “para encontrar qué hay de común en las políticas” que sirva como plataforma para grandes acuerdos.

 

Cada nación es soberana, aclara Rodríguez Araque, para suscribir lo contratos que desee, y en las condiciones que considere convenientes. “Es un problema que corresponde resolver a cada país”, para mantener la premisa de “la unidad en la diversidad”.

 

Además, reitera, “somos una gran nación, porque ocupamos el mismo territorio, tenemos el mismo origen histórico, tenemos la misma cultura, el mismo idioma”, salvo Brasil, pero la diferencia de lengua con el país carioca no se ha convertido en barrera. “El razonamiento elemental es que juntos tenemos un peso importante el escenario mundial. Separados es casi insignificante el peso que tenemos”.

Zona de paz, a pesar de Malvinas

Unasur “es una zona de paz. Esta región es una zona de paz. No hay conflictos armados desde hace muchos años, en contraste con otras regiones”, recuerda Rodríguez Araque. Hay, además, acuerdos contra la proliferación de armas nucleares. “En el Consejo de Defensa de Unasur encuentras que las hipótesis no son de conflicto, sino de paz, de desarrollo”.

 

El reclamo de Argentina por la soberanía de las Malvinas, rechazado de manera furibunda por Gran Bretaña, podría convertirse en foco de nuevos conflictos, aun cuando la posición del gobierno austral ha sido de sentarse en la mesa de negociaciones y no empuñar las armas. ¿El caso Malvinas podría echar por tierra la premisa de que Unasur es una de paz? “Las Malvinas es un buen ejemplo de lo que venimos diciendo. ¿Cuál es el interés de Gran Bretaña, a miles y miles de millas de sus tierras, de tener un pequeño grupo de islas que están históricamente dentro del ámbito geográfico de Argentina? Es la presunción de que allí hay reservas petrolíferas y de gas. Un recurso natural”, subrayó. Gran parte de los recursos naturales que abundan en América del Sur, escasean en el mundo industrializado, remató.

 

-¿Hay una amenaza de guerra en Malvinas?

-No podría decirlo. No podría responder eso. Nosotros somos partidarios de encontrar una salida pacífica de respeto por los legítimos derechos de Argentina sobre las Malvinas, que es un territorio argentino expropiado a través de una acción violenta. Es un absurdo que en pleno siglo XX todavía haya prácticas coloniales. Es un verdadero cinismo que las autoridades inglesas acuden de colonialismo a Argentina. Argentina no está ocupando ningún territorio inglés por la fuerza.

 

-¿Qué puede hacer Unasur en ese caso?

-Presionar en todos los escenarios internacionales para que se reconozca el legítimo derecho de Argentina sobre su territorio y sobre los recursos naturales.

Hasta ahora, acota Rodríguez Araque, las declaraciones de los gobiernos de Unasur han sido unánimes sobre este caso.

-En su opinión, ¿es Malvinas la mayor amenaza a la idea de que se consolide una zona de paz en Unasur?

-Yo diría que el conflicto por los recursos naturales en general, no solamente por Malvinas. Malvinas es una expresión de ese conflicto potencial que existe.

 

No hay conflictos entre las naciones de Unasur que puedan convertirse en una amenaza para la paz, asegura. Pero “hay gente que atiza” viejas rencillas, como las que tienen Venezuela y Guyana y Venezuela y Colombia. “La política que predomina es resolver los problemas con negociaciones”, subrayó. “Todos tenemos esa posición, y todos abogamos por la solución pacífica de nuestros problemas. La guerra no conduce a nada, aunque lo que desearían muchos”.

 

El próximo secretario de la Unasur examina el caso venezolano, y las presiones contra el Gobierno Nacional desde que echó para atrás la apertura petrolera, aumentó los impuestos relacionados con la explotación de hidrocarburos y decidió que las controversias energéticas se dirimen en el país. Es “ejercicio pleno de la soberanía”, y por ello Venezuela se convierte en un “mal ejemplo” para la región, de acuerdo con la óptica de las grandes potencias.

 

“Todos ganamos muchísimo”

¿Qué gana Venezuela con la Unasur? “Todos ganamos muchísimo. Imaginemos por un momento lo que va a ocurrir”, anticipa. “En primer lugar, que conjuntamente hagamos una explotación racional y óptima de los recursos naturales” de la región. La unión es un cambio gigantesco “bueno para todos”, concluye. “Hoy América del Sur”, en contraste con la crisis en Estados Unidos y la Unión Europea, “marcha con buen pie”, y eso puede ser mucho mejor con base en los trabajos que desarrollan los ocho consejos.

 

-¿Cuál es la traba para el Banco del Sur?

-Algunas oligarquías que se oponen a la aprobación, pero eso tiene tal fuerza gravitatoria, que por ley de gravedad terminará imponiéndose. Sin duda alguna se va a materializar, así como también el fondo de reservas para garantizar la liquidez y la estabilidad monetaria en nuestros países.

Materializar el fondo de reservas “es parte de la tarea”, comenta Rodríguez Araque. “No hay fecha, porque son negociaciones”, dijo. Comparó las trabas con las del “pequeño grupo de oligarcas” de un país, Paraguay, que se opone al ingreso de Venezuela a Mercosur. “Están oponiéndose a la fuerza de la historia, así que inexorablemente” se resolverán los problemas, expresa.

 

Otro tema pendiente es el de la integración física. La visión del pasado era tener grandes obras para la exportación de materias primas. “Lo que ahora debe privar es una gran integración para intercambios internos” y para superar la pobreza “que todavía está presente en esta inmensa y rica región”.

 

“Hay alrededor de 52 grandes proyectos”, tales como unir por carretera a Venezuela con Guyana; que un ferrocarril una a Caracas y Buenos Aires; que la región esté cruzada “por vías férreas que transportan personas, mercancías elaboradas aquí mismo, sino también por líneas de electricidad, de gas, de poliductos que sirvan para la integración física y para el desarrollo”.

 

Rodríguez Araque asegura que América del Sur es un inmenso continente rodeado de gente (porque la población se amontona en unas zonas mientras hay otras despobladas), y que eso cambiará con la infraestructura requerida.

Ejecutar los 52 proyectos requiere “resolver el problema de financiamiento”, para ir a una escala mayor que la de la Corporación Andina de Fomento y otros organismos internacionales.

 

Relaciones cordiales

La idea es que la Unasur mantenga relaciones cordiales con las instituciones que ya existen en la región y fuera de ella. La Comunidad Andina de Naciones, por ejemplo, “ha pasado por una situación muy crítica”, con el retiro de países como Chile y Venezuela. “Ojalá que resuelvan los problemas que se plantearon allí, y que la CAN pueda ser un factor que contribuya con el desarrollo de la Unasur y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)”.

 

-¿Qué piensa del Ciadi?

-El Ciadi es una de las infernales criaturas que parió el neoliberalismo. Los resultados de la gran mayoría de los conflictos han sido siempre favorables para las grandes corporaciones trasnacionales. Nuestro país no tiene nada qué buscar en el Ciadi; tiene que crear sus propios organismos para dirimir controversias. El Ciadi obedece a las concepciones del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial. ¿Qué tenemos que buscar nosotros allí? Para la salida de Venezuela, que ya fue planteada por el presidente Chávez, habrá que negociar con unos 24 países, y resolver bilateralmente los problemas que allí están planteados (Correo del Orinoco)

 
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